LOS ESTORNINOS


Los estorninos, grandes víctimas nuestras desde hace décadas, siguen siendo especie cinegética pero no es tan habitual que sufran matanzas a tiros en los núcleos urbanos, aunque los métodos utilizados para espantarlos también pueden provocar muertes masivas de estos seres sintientes con derecho a la vida.

Los estorninos son hábiles voladores, sus bailes sincronizados en bandada son uno de los grandes espectáculos de la naturaleza, que nos regalan el estornino negro, en la península de forma permanente, y el pinto, ave migratoria y, por lo tanto, un invernante.

La incesante presión humana en sus hábitats naturales los ha desplazado hacia las ciudades, de donde también se les expulsa, y, aunque pueden causar daños en los cultivos, en los ecosistemas su labor es beneficiosa gracias a su dieta alimenticia basada en insectos.

En las ciudades se les persigue por molestias como ruido o deposiciones en mobiliario urbano y también mueren miles cuando chocan contra cristales o de infarto por los fuegos artificiales o cuando quedan aturdidos a consecuencia de ello, bien por los impactos sufridos entre sí o contra elementos urbanos. Además de la pirotecnia se utilizan detonaciones de propano, el golpeo de los árboles, el lanzamiento de bengalas o el uso de armas de fuego con cartuchos subsónicos.

Las decisiones municipales que conllevan su maltrato utilizan la excusa de considerarlos plaga para decidir su control sin realizarse los estudios previos necesarios para determinar si lo son ni las causas de los supuestos aumentos de estas poblaciones y las soluciones más eficaces y respetuosas.

Las matanzas de estorninos vienen de antiguo, en una de las ocasiones el municipio salmantino de Béjar animó a los ciudadanos a usar sus escopetas para acabar con los estorninos y de paso con todas las especies de “pájaros” que molestasen a los vecinos por ruidos o cualquier otra razón. Se les masacró con la excusa de un problema de salud pública pero se permitió recoger los ejemplares muertos para revivir la erradicada costumbre de los “pajaritos fritos”, contradicción que no necesita comentarios.

Durante el 2022, la matanza sigue siendo una medida recurrente de los consistorios para proteger cultivos, en lugar de recurrirse a alternativas como redes protectoras y otros métodos sin necesidad de matar ni maltratar a las aves como reclama la ciudadanía. El pasado verano, el municipio alicantino de Albatera dio permiso para cazarlos con escopeta en cultivos agrícolas durante el periodo de producción y cosecha de la breva. 

Una iniciativa de:

Una iniciativa de:
Mesas de Bienestar y Defensa Animal de Madrid, MALP, Corazón de paloma y SOScotorras.