¡ESTAS SON LAS CANDIDATAS AL #AVEMÁSMALTRATADA2022!

 

ACTUALIZACIÓN: ¡VOTACIÓN FINALIZADA! ¡Cotorras, Palomas, Estorninos, Gaviotas, Cormoranes, Vencejos y Gorriones! Te presentamos las siete especies candidatas a ser Ave Más Maltratada del Año 2022 en España, una campaña para llamar la atención sobre la dramática situación en la que se encuentran especies que son parte de la fauna silvestre de las ciudades y pueblos de nuestro país. Consideradas invasoras, plaga o simple molestia, la administración las mata y no las socorre en sus centros de recuperación o se las caza y utiliza para la experimentación.


Descubre algo más de su cruda realidad y vota al final de esta página entre las candidatas a aves masacradas, demonizadas con bulos o perjudicadas por factores humanos causantes de su declive, que prácticamente nadie respeta ni se ocupa de su protección y bienestar.

Participar en esta encuesta es ayudar a demostrar que la sociedad está más evolucionada que sus políticos, malas prácticas y legislaciones injustas y rechazamos esta masacre silenciosa de aves con nuestros impuestos, seres sintientes de gran inteligencia y belleza con derecho a la vida.

El período de votación finaliza el 1 de febrero de 2023. Compártelo con #AveMaltratadadelAño y #AveMásMaltratada2022.

LAS COTORRAS


El 2022 ha sido un "annus horribilis" para las cotorras argentinas y de Kramer de Madrid, especies urbanas mal llamadas invasoras que nosotros trajimos, por lo que fueron introducidas y ya forman parte de la naturaleza urbana. Miles han perdido la vida a tiros o capturadas con redes en nuestros parques dentro del plan de exterminio municipal o como especies cinegéticas de la Orden de Vedas 2022/23. Otra forma de grave maltrato la practica Almería con la captura y cautiverio de animales adultos libres, destruyendo familias y condenándolas a la muerte en vida.

Anteriormente sufrieron terribles matanzas en Zaragoza y Sevilla, donde siguen negándose a darles el trato ético en base a bulos que forman parte de la campaña de acoso y derribo que sufren desde las instituciones y los medios de comunicación. Otros muchos municipios llevan a cabo matanzas silenciosas a través de las podas salvajes y la destrucción de nidos matando a las crías y dejando a las adultas sin protección, especialmente en invierno.

El maltrato comenzó en sus lugares de origen hace décadas, donde se las intentó masacrar sin éxito para acabar con su presencia en el campo, optándose por su exportación como mascotas. Aquí son biodiversidad urbana y su presencia en los campos es anecdótica.

Las matanzas se basan en un discurso plagado de #cotorrofobia y en su condición de invasoras, que tampoco está justificada. No se permite su tenencia, de no estar legalizadas, ni se las acoge en centros de recuperación, donde directamente se las mata. Urge una revisión que sustituya bulos y anécdotas por ciencia y acabe de una vez por todas con un principio de precaución absurdo casi 50 años después de su llegada. No existe evidencia científica del supuesto daño ni de que sean perjudiciales para otras especies. Otras aves y pequeños mamíferos utilizan sus nidos como refugio y las leyes, que priorizan el trato ético, no obligan a su control poblacional ni mucho menos al extermino que están sufriendo en distintas ciudades españolas.

LAS PALOMAS

 
La dura realidad que viven las palomas en pueblos y ciudades se concreta en sistemáticas campañas de exterminio por parte de la administración y particulares a través de la contratación de empresas para su captura, el tiro de pichón, cetrería, cotos de caza o experimentación. Matanzas llevadas a cabo en paralelo a una también constante desinformación a la opinión pública mediante su estigmatización.


Son palomas bravías u otras especies de columbidae como tórtolas turcas o palomas torcaces, que conviven sin problemas sanitarios ni ambientales con los vecinos, más allá de algún conflicto de cohabitación anecdótico a consecuencia de los mitos difundidos por algunas organizaciones, empresas, administraciones y medios de comunicación. Tampoco se las socorre en los centros de recuperación de aves, donde se las mata, salvo que pertenezcan a alguna especie protegida.

Millones de palomas sufren este destino de captura y muerte anualmente en nuestro país. Lamentablemente, en España, aún es una excepción la gestión ética de las palomas que realizan algunas ciudades que controlan la población mediante pienso anticonceptivo, información libre de bulos y concienciación de la importancia de convivir de forma respetuosa con estas aves que simbolizan la paz pero, sobre todo, son seres sintientes con derecho a la vida que forman parte de la biodiversidad urbana. 

LOS ESTORNINOS


Los estorninos, grandes víctimas nuestras desde hace décadas, siguen siendo especie cinegética pero no es tan habitual que sufran matanzas a tiros en los núcleos urbanos, aunque los métodos utilizados para espantarlos también pueden provocar muertes masivas de estos seres sintientes con derecho a la vida.

Los estorninos son hábiles voladores, sus bailes sincronizados en bandada son uno de los grandes espectáculos de la naturaleza, que nos regalan el estornino negro, en la península de forma permanente, y el pinto, ave migratoria y, por lo tanto, un invernante.

La incesante presión humana en sus hábitats naturales los ha desplazado hacia las ciudades, de donde también se les expulsa, y, aunque pueden causar daños en los cultivos, en los ecosistemas su labor es beneficiosa gracias a su dieta alimenticia basada en insectos.

En las ciudades se les persigue por molestias como ruido o deposiciones en mobiliario urbano y también mueren miles cuando chocan contra cristales o de infarto por los fuegos artificiales o cuando quedan aturdidos a consecuencia de ello, bien por los impactos sufridos entre sí o contra elementos urbanos. Además de la pirotecnia se utilizan detonaciones de propano, el golpeo de los árboles, el lanzamiento de bengalas o el uso de armas de fuego con cartuchos subsónicos.

Las decisiones municipales que conllevan su maltrato utilizan la excusa de considerarlos plaga para decidir su control sin realizarse los estudios previos necesarios para determinar si lo son ni las causas de los supuestos aumentos de estas poblaciones y las soluciones más eficaces y respetuosas.

Las matanzas de estorninos vienen de antiguo, en una de las ocasiones el municipio salmantino de Béjar animó a los ciudadanos a usar sus escopetas para acabar con los estorninos y de paso con todas las especies de “pájaros” que molestasen a los vecinos por ruidos o cualquier otra razón. Se les masacró con la excusa de un problema de salud pública pero se permitió recoger los ejemplares muertos para revivir la erradicada costumbre de los “pajaritos fritos”, contradicción que no necesita comentarios.

Durante el 2022, la matanza sigue siendo una medida recurrente de los consistorios para proteger cultivos, en lugar de recurrirse a alternativas como redes protectoras y otros métodos sin necesidad de matar ni maltratar a las aves como reclama la ciudadanía. El pasado verano, el municipio alicantino de Albatera dio permiso para cazarlos con escopeta en cultivos agrícolas durante el periodo de producción y cosecha de la breva. 

LAS GAVIOTAS

 
Las gaviotas también son habituales en las listas de especies cinegéticas, pero no solo mueren de forma masiva por la caza. En las poblaciones cercanas a la costa,  además de la caza, intervienen empresas privadas o los municipios las consideran plaga cuando se considera que "intimidan" al seguir su instinto de buscar alimento o proteger a sus crías o "molestan" por generar ruido y "suciedad".


Lejos de buscarse soluciones bioéticas, se pone en marcha medidas que no respetan a las aves, como la destrucción de nidos con crías y matar a ejemplares adultos, aunque no son aves peligrosas que ataquen a las personas. Entre otras razones, porque no tienen garras ni atacan con su pico, pero son animales muy inteligentes, que utilizan el vuelo intimidante solo si se sienten en peligro.

En ocasiones, se declaran de manera expresa ineficaces programas de exterminio que, como ocurre con otras especies y medidas en general de maltrato animal institucionalizado, se costean con los impuestos de la ciudadanía.

Desde los Ayuntamientos se las demoniza y se toman medidas letales mediante la supresión de nidos y de aves recién nacidas o de adultos, pero no sirve de nada porque las aves hacen puestas de reposición, cambian de sitio e incluso, al eliminar adultos se da paso a la llegada de subadultos. Otro método es la retirada de huevos o su tratamiento con parafina para que la gaviota, en vez de volver, busque otra zona para anidar. La parafina es también un maltrato animal.

Sólo existe una solución, reducir su acceso a los contenedores de basura y vertederos, pero también acabar con el despilfarro de los descartes pesqueros, que solo en la UE suponen 3.000 toneladas diarias tiradas al mar. Y sobre todo, plantear cualquier medida basada en el respeto y el principio de la convivencia. 

LOS CORMORANES


Aunque ha sido una reciente noticia, desde hace años, el Gobierno del Principado de Asturias prosigue con la matanza de cormoranes para responder a la petición de los pescadores deportivos que las acusan de comerse los salmónidos que ellos quieren pescar, sin ningún estudio que lo demuestre.

Más bien ocurre lo contrario, pues el descenso de cormoranes no ha supuesto la recuperación de éstos y los estudios científicos elaborados por INTERCAFE (Interdisciplinary Initiative to Reduce Pan-European Cormorant Fisheries Conflicts) demuestran que el declive los salmones salvajes y truchas en los ríos asturianos ocurre de forma acentuada desde mediados del siglo pasado, mucho antes que surgiera este conflicto con los cormoranes, que también está reduciéndose en Asturias y toda Europa.

La petición de cese de la matanza de cormoranes, a nivel mediático se encuentra sesgada por un enfoque conservacionista y especista, liderado por organizaciones que no luchan por seres sintientes que, como los cormoranes, también sufren matanzas y a cuya demonización contribuyen, como las cotorras o las palomas.

Por lo tanto, no se pide su respeto fundamentalmente por importar cada vida o por el derecho a la vida de los cormoranes ni por considerarse una crueldad sino alegando que constituye un ataque a la biodiversidad por la acción humana. Sin embargo, en este listado la elección de los cormoranes como candidatos a las aves más maltratadas del año obedece a un enfoque antiespecista y animalista que no es incompatible con la preservación de la biodiversidad, pue podría encajar en un conservacionismo compasivo.

LOS VENCEJOS

Los vencejos, migradores que vienen desde África a nuestras ciudades a reproducirse, forman parte de la biodiversidad urbana. Son aves protegidas por las leyes europeas, nacionales y por convenios internacionales, sin embargo, también sufren un maltrato al preferir los hábitats urbanos para nidificar y encontrarse con problemas derivados de factores humanos, como una disminución de los lugares donde antes anidaban, que están siendo destruidos o taponados. 

Las obras en edificios impidiendo la entrada cuando éstos ya han comenzado la nidificación no es algo insólito, por desgracia, aunque son casos de maltrato animal denunciables por dificultar la supervivencia de especies protegidas. No solo necesitan ayuda ciudadana para encontrar esos lugares para anidar, por ejemplo, colocando cajas nidos en nuestros balcones, sino también socorriéndolos cuando por el calor, los polluelos se tiran antes de poder volar, algo frecuente por el aumento generalizado de las temperaturas. 

La falta de respeto por las aves, independientemente de su especie y, en general, de una cultura rica en valores que fomenten la convivencia en las ciudades, las convierte en lugares menos solidarios. Esa falta de respeto por la naturaleza y de empatía por los seres sintientes que componen fauna urbana, lógicamente, acaba perjudicando a las aves, estén o no protegidas, como es el caso de los vencejos, las golondrinas, los aviones o las cigüeñas. 

Aunque por lo general, los centros de recuperación no las rechazan ni matan con la misma facilidad que las aves no protegidas legalmente, el enfoque de estos centros sigue siendo especista, por lo que no se lucha por cada vida como un valor en sí mismo sino como ejemplares de una especie considerada beneficiosa o perjudicial para la biodiversidad.

LOS GORRIONES


Los gorriones son aves urbanitas que se consideran bioindicadores, lo que significa que su declive está actuando como advertencia de que nuestro entorno está perdiendo calidad ambiental a muy distintos niveles. Sobre todo, a causa de factores humanos que suponen un maltrato a sus distintas especies, como la contaminación acústica y lumínica, la falta de zonas verdes de plantas con semilla en lugar del omnipresente césped y asfalto, así como el uso de pesticidas o las podas salvajes.

Un grave problema para los gorriones en las ciudades es la escasez de lugares para anidar, situación que agrava la retirada de nidos de cotorra, que muchos utilizan como refugio. Su pérdida se estima en un 21 por ciento, es decir, en los últimos diez años hay 30 millones menos de estas aves, que también buscan alimento en el campo, cuya tasa de reproducción ha bajado de forma preocupante.

A pesar de su progresiva desaparición, especialmente en ciudades, y de su evolución ligada a la especie humana, los gorriones no solo no están protegidos incluso se les incluye en planes de exterminio, como el actual de Sevilla, presentado en 2022. Es decir, también son acusados de provocar "molestias", perseguidos para infligirles un sufrimiento directo mediante captura y muerte  a estas entrañables aves con derecho a la vida por sí mismas, que también sufren la captura y caza ilegales, llegando a comercializarse tanto vivas como muertas para su venta como pajaritos fritos.

Una iniciativa de:

Una iniciativa de:
Mesas de Bienestar y Defensa Animal de Madrid, MALP, Corazón de paloma y SOScotorras.